Cuando nos referimos
a los cambios en la Política Exterior de Estados Unidos suscitados por los
ataques terroristas del 11S es importante aclarar que lo que cambió fueron las
motivaciones mas no el núcleo como tal de su calidad de súper potencia
mundial.
La Estrategia de
Seguridad Nacional que desarrolló Estados Unidos desde 1997 hasta el 2001
buscaba incrementar la seguridad de Estados Unidos mediante unas Fuerzas
Armadas listas y equipadas para combatir, reforzar la prosperidad económica
estadounidense y promover la democracia y la libertad, como los principales
valores de la cultura política estadounidense.
[1]
Es así como durante
el desarrollo de la Estrategia de Seguridad Nacional se implementaron
importantes acuerdos económicos en America Latina y se desarrollaron
importantes inversiones en la región.
Así mismo, en el campo
militar se incluyeron actividades como demostraciones de fuerza, campañas
coercitivas, golpes limitados, operaciones de evacuación de no combatientes,
vigilancia de zonas de restricción aérea, vigilancia de sanciones marítimas,
operaciones de control de migraciones en masa, operaciones en contra del
terrorismo, asistencia humanitaria, antinarcóticos y operaciones extranjeras en
soporte de otras agencias gubernamentales de Estados Unidos. [2]
Si bien estas
estrategias buscaban demostrar el poderío estadounidense y la influencia que
representaba no solo en la región, sino también alrededor del mundo, como una
manera de mantener a sus enemigos a raya, tales políticas demostraron ser
insuficientes luego de los ataques terroristas del 11S. La demostración de fuerza no fue suficiente
para aplacar al radicalismo de medio oriente, que vieron como una absoluta victoria
haber podido perpetrar sendos ataques en territorio estadounidense, sembrando
así el terror en un país considerado hasta ese momento como intocable.
Si bien George W.
Bush ascendió al poder en unas apretadas elecciones presidenciales, supo
capitalizar los ataques del 11S a su favor logrando que la opinión pública
cerrara filas en torno a su figura bajo
la premisa de la seguridad de los Estados Unidos y sus intereses alrededor del
mundo, de allí que se lograra despertar un sentimiento nacionalista que terminó
respaldando una incursión militar en Afganistán en búsqueda de los responsables
de los peores atentados de la historia en suelo estadounidense.
El mismo día de los
ataques terroristas, George W. Bush se dirigió a los estadounidenses y denunció
los actos terroristas intencionales, prometiendo encontrar a los responsables y
asegurando que para Washington, no hay diferencia entre los terroristas y aquellos
que los albergan.[3]
Aquí podemos
entonces identificar el cambio más importante en la política exterior de los
Estados Unidos después del 11S: El gobierno de Estados Unidos puede determinar
de manera casi unilateral quienes son auxiliadores del terrorismo y puede
atacar objetivos que considere como amenazas a la seguridad nacional. Esta declaración de guerra es única ya que el
terrorismo no es un determinado Estado, sino grupos organizados capaces de
estar presentes en cualquier nación; la universalidad del terrorismo implica
que cualquier país es un posible objetivo para las fuerzas militares
estadounidenses, ningún país está exento.
Hasta el mínimo vestigio de la presencia de organizaciones terroristas
en determinada nación es razón suficiente para que los Estados Unidos
intervengan.[4]. Es así como podemos observar que esta guerra planteó
nuevos desafíos a las fuerzas convencionales, al ser de carácter asimétrico con
un enemigo difuso. [5] En este caso podemos indicar que es de
carácter asimétrico por las diferencias que existen entre los grupos
combatientes, tanto en lo militar, económico e ideológico, como la contraparte que es un enemigo difuso, porque no esta claramente delimitado quien o quienes son el
enemigo a vencer, mas si la nueva política establece ataques no solo a los
grupos terroristas como tal sino también a los territorios que los albergan.
Bajo la sospecha de
que los atentados terroristas habían sido planeados por Osama Bin Laden en
cabeza de la organización terrorista Al Qaeda, El presidente George W. Bush
ordenó el despliegue de tropas en territorio afgano, como primera prueba de que
atacaría en cualquier territorio en búsqueda de la seguridad del país y encontró
un manto de legitimidad bajo el Consejo de Seguridad para ejercer la fuerza en
Afganistán. Lo hizo bajo el Articulo 51 de la Carta: derecho a la legítima
defensa.[6] Se creo entonces una política de seguridad
preventiva.
Así mismo, y
Partiendo de tal premisa, George W. Bush declaró a 3 países como “el eje del
mal”: Irak, Irán y Corea del Norte acusándolos de fabricar armas de destrucción
masiva, nucleares, químicas y biológicas.
No obstante, con estos 3 países podemos observar un claro ejemplo de la
variación de la política exterior estadounidense según la amenaza militar que representa cada uno, la cual analizaremos más adelante.
El primer efecto directo
generado con los ataques del 11S fue el despliegue militar ordenado por George
Bush en territorio afgano como una medida considerada de defensa ante el ataque
recibido, ya que fue considerado el territorio que albergaba a los terroristas
que planearon los ataque, por lo que podemos afirmar entonces que el cambio más
representativo está enmarcado dentro de acciones militares directas en
territorio extranjero. Los objetivos
militares iniciales de la Operación "Libertad Duradera" incluían la destrucción
de campos de entrenamiento terroristas y su infraestructura dentro de
Afganistán, la captura de líderes de Al-Qaeda y el cese de actividades
terroristas en Afganistán.[7]
Originalmente la idea
de invadir Afganistán fue en general bien recibida por la opinión pública
estadounidense con su sentimiento nacionalista exacerbado por los ataques
terroristas; no obstante, con el pasar del tiempo la invasión fue extendiéndose
así como sus costos económicos para los contribuyentes y ya empezaba a generar
descontento por lo largo del conflicto y los pocos resultados concretos obtenidos
en pro de la seguridad.
Unos meses después
de la invasión en Afganistán, se dio la orden de invadir Irak al mando de Saddam
Hussein, régimen al que Estados Unidos acusa de poseer armas de destrucción
masiva, cuyo blanco principal es su territorio. Sin embargo, éstas no llegaron a
ser localizadas en ningún momento[8]
lo cual deriva en un descontento no solo en los Estados Unidos sino en sus
aliados.
No obstante, con
Irán y Corea del Norte – los países que cierran el “eje del mal” – Estados
Unidos ha tenido mas “tacto” a la hora de desarrollar sus labores contra el
terrorismo, ya que saben del alcance militar que pueden llegar a tener sobre una
incursión militar en estos territorios, o cualquier otro tipo de acción que sea
considerada como una provocación por parte de Teherán o de Pyongyang. En el caso del primero ha optado por una
estrategia más diplomática, buscando acuerdos políticos que permitan reducir el
arsenal nuclear iraní y así reducir sustancialmente el peligro que actualmente
representa; y en el segundo caso ha optado por una respuesta mas aislacionista,
si bien no ha sido tan directa como lo ha hecho con otros países; no obstante,
los poderosos aliados con los que cuenta Pyongyang – como Rusia – no ha dado los frutos esperados, por el contrario, ha tensado aún más la situación con Corea del Sur, hasta el
punto de poner a los ejércitos de las Coreas en posiciones de guerra.
De acuerdo a lo
anterior, podemos observar que la política exterior estadounidense ha mutado en sus motivaciones,
considerando casi cualquier provocación en una amenaza real que buscará reducir
a su máxima expresión, aunque no siempre sobre las vías militares, y menos aun
frente a lo que la opinión publica estadounidense ha considerado dos fracasos
de las políticas antiterroristas en Irak y Afganistán, que mas que los
resultados esperados ha ocasionado la perdida de miles de soldados estadounidenses,
por lo que Washington a buscado alternativas para atacar de forma directa o
indirecta (no militar) a quienes considera como potenciales amenazas a la
seguridad nacional.
Como prueba de lo
anterior podemos traer a colación la negativa de Estados Unidos a implementar
estrategias militares en tierra sobre Siria y otros territorios en busca de la
reducción del estado Islámico, por lo general hemos observado que el apoyo de
Estados Unidos va principalmente por aire y entrenando a los rebeldes que
luchan contra el EI.
Por ahora parece una
estrategia más inteligente evitar el conflicto militar porque le evita pérdidas
humanas, e incluso le resulta menos costoso que mantener largas temporadas a
sus tropas en territorio extranjero, no obstante entrenar milicias es un arma
de doble filo. Y Estados Unidos lo sabe.
[1] MONTERO MONCADA, L.A. Política Exterior de seguridad estadounidense
en la post guerra fría y el mundo post 11 de septiembre. Revista de relaciones Internacionales,
Estrategia y Seguridad. UMNG. Pagina Web http://www.umng.edu.co/documents/63968/76572/AMontero.pdf
[2] MONTERO MONCADA, L.A. Política Exterior de seguridad estadounidense
en la post guerra fría y el mundo post 11 de septiembre. Revista de relaciones Internacionales,
Estrategia y Seguridad. UMNG. Pagina Web http://www.umng.edu.co/documents/63968/76572/AMontero.pdf
[3] Tomado de la página Web
http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/316462/11-de-septiembre-2001-102-minutos-que-cambiaron-al-mundo-origen-estados-unidos/
[4] Tomado de la pagina Web
http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lri/franchini_h_r/capitulo3.pdf
[6] Tomado de la página Web
http://fci.uib.es/Servicios/libros/articulos/renee/Invasion-a-Afganistan.cid222586
[7] Tomado de la página Web
http://fci.uib.es/Servicios/libros/articulos/renee/Invasion-a-Afganistan.cid222586
[8] Tomado de la página Web
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/08 /actualidad/1407515121_695824.html

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