“No se acepta ni se
concibe que ponerse una camiseta del Che, de Pablo Escobar, o dibujar la imagen
de estos asesinos en universidades y barrios sea lo más sano y conveniente para
una sociedad que busca pasar la página de la violencia”
Latinoamérica es un
continente con un arquetipo histórico muy parecido entre sus estados, el común
denominador es que éstos aún en nuestro actual siglo se encuentran en constante
formación y consolidación de estados garantistas que administren bien los
recursos y supla las necesidades de sus conciudadanos.
Durante esa búsqueda incansable
por encontrar el mejor sistema político, social y económico para ser
implementado en cada uno de sus países se han venido presentando realidades de
muy pocos amigos. Las luchas internas por independizarse y ser autónomos desencadenaron
batallas, conflictos y enfrentamientos internos a sangre y fuego. Esta
fotografía bélica se repitió en cada rincón geográfico de nuestras montañas
Andinas, Cariocas, Incas, Aztecas y Mayas donde buscamos liberarnos del yugo
español y portugués, luego desligarnos del control norteamericano e inicia la
puja interna por saber qué hacer con los designios de cada nación.
Es por esto que podemos
evidenciar momentos críticos de nuestra historia donde la reclamación por una
reivindicación nacional desde el ámbito político, social y económico fue la
constante, es así como se nos presentan en diferentes fechas del siglo XX momentos
de violencia como la revolución mexicana, la revolución cubana, Revolución
sandinista en Nicaragua, dictaduras bajo la consigna de no permitir la
implementación del comunismo, guerras civiles, grupos terroristas con consignas
Marxistas, Leninistas y Maoistas, luchas y enfrentamientos bipartidistas a
muerte y un sin número de justificaciones que han llevado a que Latinoamérica
se convierta en una prueba de error y ensayo sobre lo que es pertinente y
beneficioso para cada país y que no.
En Colombia por ejemplo,
llevamos 200 años de República y aún no sabemos qué hacer con esta gran nación,
pasamos por épocas sanguinarias de violencia y por momentos en que los actores
intervinientes en este conflicto tienen una justificación desde todo punto de
vista para enfrentarse e imponerse.
Pero, la pregunta que me
aboca en estos últimos años es: ¿La justificación de la violencia es buena
dependiendo de quien la ejerza? Yo creo que esta pregunta merece una respuesta
con gran contenido académico desde la sociología, la psicología y las ciencias
políticas. Por lo pronto me remitiré a lo empírico a lo que vengo observando en
nuestra gran cultura hispana.
Desde todo tipo de nivel
social se puede evidenciar las preferencias de un grupo cultural, étnico y
artístico por alguien que de una u otra manera evoque reivindicación o
identidad de una lucha de clases, por esta razón vemos como muchos sin darse
cuenta justifican el uso violento bajo premisas de tipo ideológico y político.
Desde la revolución
cubana se hizo famosa una imagen del Che Guevara, fotografía que ha sido
incesantemente reproducida por aquellos que justifican una causa política de
tipo comunista y socialista. Pero no es solo eso, esta imagen que ha sido
estampada en camisetas se convirtió junto con la “hoz y el martillo”[1] en un símbolo de la
revolución con ideas Marxistas- Leninistas. Lo que muy pocos saben es que
detrás de las ideas existe una doctrina y como doctrina conlleva a una
implementación de índole ideológico, político y el más importante que es de
tipo militar donde se procede a ser ejecutada al pie de la letra, es por esta
razón que estas revoluciones no se hicieron solo bajo discursos políticos
libertarios y pacifistas, sino que su ejecución y posterior implementación se
debió al adoctrinamiento militar soviético, donde entrenaron a los militantes
de estas organizaciones pare desarrollar acciones de tipo insurgente e
irregular. Basta con leer el libro negro del comunismo para comprender como es
el lineamiento de este modus operandi[2] de como persiguen y
exterminan cualquier indicio de oposición ya que no es permisible una contra
revolución, es por eso que se instaura un régimen autoritario.
Detrás de esta
consolidación ideológica hay una política de muerte, represión y persecución
quien fue desarrollada por personajes como los hermanos Castro, y sus esbirros
Camilo Cienfuegos y el mismo Che Guevara, o que lo diga Huber Matos Benítez
quien fue dirigente revolucionario y terminó siendo perseguido y encarcelado
por 20 años por traición y sedición. Gracias a Fidel –no quería convertirlo en
mártir- que prefirió la cárcel no fue ejecutado a pesar que el Che y Raúl querían
ponerlo en la palestra y darle muerte para que sirviera de escarmiento a quien
decidiera revelarse contra ellos. Casos como este se multiplicó por miles, el
fin era consolidar el sueño revolucionario, lo vergonzoso es que hoy por hoy
muchos jóvenes sin conocer la historia portan camisetas del Che como si se
tratara de un rock star o de un salvador, cuando la verdad fue un asesino sin
precedentes.
A este fenómeno
izquierdista Latinoamericano se le suman las dictaduras militares con
tendencias de derecha, que por temor a ser implementado estos proyectos
revolucionarios y subversivos decidieron hacerse del poder a la fuerza, sin
importar en muchos casos pasar por encima de muchos de sus conciudadanos y sus
democracias –vale la pena aclarar institucionalidades débiles-, su consigna,
Combatir el comunismo y el socialismo a como diera lugar, no podían permitir
que lo que se desarrolló en Cuba se implementara en sus países, tal es el caso
de Chile, Argentina etc. Estas medidas desembocaron en represiones casi iguales
a las que sufrían los disidentes cubanos, en este caso los que apoyaban las
ideas soviéticas y la Cuba revolucionaria fueron perseguidos por el régimen
dictatorial.
En últimas, ambas pujas
de poder desencadenaron momentos de violencia sin precedentes en la historia Latinoamericana.
La apología al delito es
muy fuerte, en Colombia por ejemplo, abundan las camisetas no solo del Che sino
de Pablo Escobar, esto es generar un tipo de aceptación a la violencia que
desencadenaron estos asesinos -es decir, esta violencia es buena- cosa
diferente sería si alguien apareciera con una camiseta de Pinochet o de algún
dictador –violencia mala- ahí si la mismas personas que promueven al Che se le
irían encima intolerablemente a lincharlo, ¿acaso esta no es una democracia?
Así como hay camisetas y murales del Che y los secuaces de Fidel, Pablo Escobar
etc. ¿porque personas que piensan distinto no podrían expresar su afinidad con
otros personajes que usaron la violencia para sus fines pero de otra línea?
Ahora bien, mi reflexión
es abordar la aprobación del tipo de violencia. No se acepta ni se concibe ponerse una camiseta del Che o de Pablo
Escobar, mucho menos dibujar la imagen de estos asesinos en universidades y
barrios. No es lo más sano ni conveniente para una sociedad que busca pasar la
página de la violencia, eso es hacer apología al delito.
La realidad es que
ninguna violencia es buena sea de un lado o del otro, el autoritarismo genera
represión y esta a su vez muerte social y humana, por esta razón no es
conveniente que gente que se cree pacifista aparezca con imágenes de asesinos
en camisetas y mucho menos en murales, si es así, deberíamos aceptar entonces
cualquier reivindicación a la tendencia de alguna comunidad como tal contraria
a esta, eso nos haría más tolerantes. No se puede combatir un solo lado y
justificar el otro, o combates ambos por igual o no lo hagas, pero no podemos
dejar que la sociedad clasifique la violencia y los asesinos sean etiquetados
unos como aceptables y otros odiadas y rechazados. La violencia es violencia
sin estratificaciones.


No hay comentarios:
Publicar un comentario