martes, 16 de mayo de 2017

¿El lado aceptable de la violencia?




“No se acepta ni se concibe que ponerse una camiseta del Che, de Pablo Escobar, o dibujar la imagen de estos asesinos en universidades y barrios sea lo más sano y conveniente para una sociedad que busca pasar la página de la violencia”

Latinoamérica es un continente con un arquetipo histórico muy parecido entre sus estados, el común denominador es que éstos aún en nuestro actual siglo se encuentran en constante formación y consolidación de estados garantistas que administren bien los recursos y supla las necesidades de sus conciudadanos.

Durante esa búsqueda incansable por encontrar el mejor sistema político, social y económico para ser implementado en cada uno de sus países se han venido presentando realidades de muy pocos amigos. Las luchas internas por independizarse y ser autónomos desencadenaron batallas, conflictos y enfrentamientos internos a sangre y fuego. Esta fotografía bélica se repitió en cada rincón geográfico de nuestras montañas Andinas, Cariocas, Incas, Aztecas y Mayas donde buscamos liberarnos del yugo español y portugués, luego desligarnos del control norteamericano e inicia la puja interna por saber qué hacer con los designios de cada nación.
Es por esto que podemos evidenciar momentos críticos de nuestra historia donde la reclamación por una reivindicación nacional desde el ámbito político, social y económico fue la constante, es así como se nos presentan en diferentes fechas del siglo XX momentos de violencia como la revolución mexicana, la revolución cubana, Revolución sandinista en Nicaragua, dictaduras bajo la consigna de no permitir la implementación del comunismo, guerras civiles, grupos terroristas con consignas Marxistas, Leninistas y Maoistas, luchas y enfrentamientos bipartidistas a muerte y un sin número de justificaciones que han llevado a que Latinoamérica se convierta en una prueba de error y ensayo sobre lo que es pertinente y beneficioso para cada país y que no.

En Colombia por ejemplo, llevamos 200 años de República y aún no sabemos qué hacer con esta gran nación, pasamos por épocas sanguinarias de violencia y por momentos en que los actores intervinientes en este conflicto tienen una justificación desde todo punto de vista para enfrentarse e imponerse.
Pero, la pregunta que me aboca en estos últimos años es: ¿La justificación de la violencia es buena dependiendo de quien la ejerza? Yo creo que esta pregunta merece una respuesta con gran contenido académico desde la sociología, la psicología y las ciencias políticas. Por lo pronto me remitiré a lo empírico a lo que vengo observando en nuestra gran cultura hispana.

Desde todo tipo de nivel social se puede evidenciar las preferencias de un grupo cultural, étnico y artístico por alguien que de una u otra manera evoque reivindicación o identidad de una lucha de clases, por esta razón vemos como muchos sin darse cuenta justifican el uso violento bajo premisas de tipo ideológico y político.

Desde la revolución cubana se hizo famosa una imagen del Che Guevara, fotografía que ha sido incesantemente reproducida por aquellos que justifican una causa política de tipo comunista y socialista. Pero no es solo eso, esta imagen que ha sido estampada en camisetas se convirtió junto con la “hoz y el martillo”[1] en un símbolo de la revolución con ideas Marxistas- Leninistas. Lo que muy pocos saben es que detrás de las ideas existe una doctrina y como doctrina conlleva a una implementación de índole ideológico, político y el más importante que es de tipo militar donde se procede a ser ejecutada al pie de la letra, es por esta razón que estas revoluciones no se hicieron solo bajo discursos políticos libertarios y pacifistas, sino que su ejecución y posterior implementación se debió al adoctrinamiento militar soviético, donde entrenaron a los militantes de estas organizaciones pare desarrollar acciones de tipo insurgente e irregular. Basta con leer el libro negro del comunismo para comprender como es el lineamiento de este modus operandi[2] de como persiguen y exterminan cualquier indicio de oposición ya que no es permisible una contra revolución, es por eso que se instaura un régimen autoritario. 

Detrás de esta consolidación ideológica hay una política de muerte, represión y persecución quien fue desarrollada por personajes como los hermanos Castro, y sus esbirros Camilo Cienfuegos y el mismo Che Guevara, o que lo diga Huber Matos Benítez quien fue dirigente revolucionario y terminó siendo perseguido y encarcelado por 20 años por traición y sedición. Gracias a Fidel –no quería convertirlo en mártir- que prefirió la cárcel no fue ejecutado a pesar que el Che y Raúl querían ponerlo en la palestra y darle muerte para que sirviera de escarmiento a quien decidiera revelarse contra ellos. Casos como este se multiplicó por miles, el fin era consolidar el sueño revolucionario, lo vergonzoso es que hoy por hoy muchos jóvenes sin conocer la historia portan camisetas del Che como si se tratara de un rock star o de un salvador, cuando la verdad fue un asesino sin precedentes.

A este fenómeno izquierdista Latinoamericano se le suman las dictaduras militares con tendencias de derecha, que por temor a ser implementado estos proyectos revolucionarios y subversivos decidieron hacerse del poder a la fuerza, sin importar en muchos casos pasar por encima de muchos de sus conciudadanos y sus democracias –vale la pena aclarar institucionalidades débiles-, su consigna, Combatir el comunismo y el socialismo a como diera lugar, no podían permitir que lo que se desarrolló en Cuba se implementara en sus países, tal es el caso de Chile, Argentina etc. Estas medidas desembocaron en represiones casi iguales a las que sufrían los disidentes cubanos, en este caso los que apoyaban las ideas soviéticas y la Cuba revolucionaria fueron perseguidos por el régimen dictatorial.
En últimas, ambas pujas de poder desencadenaron momentos de violencia sin precedentes en la historia Latinoamericana.

La apología al delito es muy fuerte, en Colombia por ejemplo, abundan las camisetas no solo del Che sino de Pablo Escobar, esto es generar un tipo de aceptación a la violencia que desencadenaron estos asesinos -es decir, esta violencia es buena- cosa diferente sería si alguien apareciera con una camiseta de Pinochet o de algún dictador –violencia mala- ahí si la mismas personas que promueven al Che se le irían encima intolerablemente a lincharlo, ¿acaso esta no es una democracia? Así como hay camisetas y murales del Che y los secuaces de Fidel, Pablo Escobar etc. ¿porque personas que piensan distinto no podrían expresar su afinidad con otros personajes que usaron la violencia para sus fines pero de otra línea?

Ahora bien, mi reflexión es abordar la aprobación del tipo de violencia. No se acepta ni se concibe ponerse una camiseta del Che o de Pablo Escobar, mucho menos dibujar la imagen de estos asesinos en universidades y barrios. No es lo más sano ni conveniente para una sociedad que busca pasar la página de la violencia, eso es hacer apología al delito.

La realidad es que ninguna violencia es buena sea de un lado o del otro, el autoritarismo genera represión y esta a su vez muerte social y humana, por esta razón no es conveniente que gente que se cree pacifista aparezca con imágenes de asesinos en camisetas y mucho menos en murales, si es así, deberíamos aceptar entonces cualquier reivindicación a la tendencia de alguna comunidad como tal contraria a esta, eso nos haría más tolerantes. No se puede combatir un solo lado y justificar el otro, o combates ambos por igual o no lo hagas, pero no podemos dejar que la sociedad clasifique la violencia y los asesinos sean etiquetados unos como aceptables y otros odiadas y rechazados. La violencia es violencia sin estratificaciones.





[1] La hoz y el martillo () es un símbolo que representa la unión de los trabajadores, generalmente es usado para representar al comunismo.
[2] Expresión que en latín significa "modo de operar”, se refiere en general a la manera de proceder de una persona o de un grupo de personas.

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