domingo, 27 de marzo de 2016

Jóvenes Despertar !!! enfrentaremos otra guerra de 50 años por una paz mal hecha


Me pareció muy interesante y muy acertado las palabras de Pablo Andres Loaiza, un joven como muchos que queremos la paz pero no al precio que sea, es importante valorar la deficiente democracia que tenemos y tratar de renovarla y fortalecerla que dejarla de lado y esperar a que otros la deterioren y la acaben, no seamos como aquel dicho que decía mi madre: "Uno no sabe lo que tiene hasta que no lo pierde" y no solo mi señora madre lo repetía con frecuencia sino que hasta Rikarena le saco canción

Jóvenes no estemos estáticos, no esperemos que el terrorismo y la subversión nos terminen de arrodillar, no esperemos a vernos como los jóvenes cubanos y venezolanos que son perseguidos y asesinados, es hora de que el gobierno sepa que no va a hacer con el país lo que quiere solo por vendernos una paz efímera y mentirosa, no dejemos que nos impongan la paz como cuando las FART apuntaban sus fusiles en la frente de sus victimas para que terminaran claudicados ante ellos, no esperemos que sea demasiado tarde para abrir los ojos; en Venezuela subestimaron a Chavez y su socialismo desgastado y obsoleto y hasta ahora después de 15 años están despertando. Animo compatriotas y a salir el 2 de Abril a sentar tu voz, porque esto no es de Uribe, esto es por el futuro del país.

martes, 1 de marzo de 2016

Política exterior de EEUU después del 11 de septiembre



Cuando nos referimos a los cambios en la Política Exterior de Estados Unidos suscitados por los ataques terroristas del 11S es importante aclarar que lo que cambió fueron las motivaciones mas no el núcleo como tal de su calidad de súper potencia mundial.  

La Estrategia de Seguridad Nacional que desarrolló Estados Unidos desde 1997 hasta el 2001 buscaba incrementar la seguridad de Estados Unidos mediante unas Fuerzas Armadas listas y equipadas para combatir, reforzar la prosperidad económica estadounidense y promover la democracia y la libertad, como los principales valores de la cultura política estadounidense. [1] 

Es así como durante el desarrollo de la Estrategia de Seguridad Nacional se implementaron importantes acuerdos económicos en America Latina y se desarrollaron importantes inversiones en la región.

Así mismo, en el campo militar se incluyeron actividades como demostraciones de fuerza, campañas coercitivas, golpes limitados, operaciones de evacuación de no combatientes, vigilancia de zonas de restricción aérea, vigilancia de sanciones marítimas, operaciones de control de migraciones en masa, operaciones en contra del terrorismo, asistencia humanitaria, antinarcóticos y operaciones extranjeras en soporte de otras agencias gubernamentales de Estados Unidos. [2]

Si bien estas estrategias buscaban demostrar el poderío estadounidense y la influencia que representaba no solo en la región, sino también alrededor del mundo, como una manera de mantener a sus enemigos a raya, tales políticas demostraron ser insuficientes luego de los ataques terroristas del 11S.  La demostración de fuerza no fue suficiente para aplacar al radicalismo de medio oriente, que vieron como una absoluta victoria haber podido perpetrar sendos ataques en territorio estadounidense, sembrando así el terror en un país considerado hasta ese momento como intocable.

Si bien George W. Bush ascendió al poder en unas apretadas elecciones presidenciales, supo capitalizar los ataques del 11S a su favor logrando que la opinión pública cerrara filas en  torno a su figura bajo la premisa de la seguridad de los Estados Unidos y sus intereses alrededor del mundo, de allí que se lograra despertar un sentimiento nacionalista que terminó respaldando una incursión militar en Afganistán en búsqueda de los responsables de los peores atentados de la historia en suelo estadounidense.

El mismo día de los ataques terroristas, George W. Bush se dirigió a los estadounidenses y denunció los actos terroristas intencionales, prometiendo encontrar a los responsables y asegurando que para Washington, no hay diferencia entre los terroristas y aquellos que los albergan.[3]

Aquí podemos entonces identificar el cambio más importante en la política exterior de los Estados Unidos después del 11S: El gobierno de Estados Unidos puede determinar de manera casi unilateral quienes son auxiliadores del terrorismo y puede atacar objetivos que considere como amenazas a la seguridad nacional.  Esta declaración de guerra es única ya que el terrorismo no es un determinado Estado, sino grupos organizados capaces de estar presentes en cualquier nación; la universalidad del terrorismo implica que cualquier país es un posible objetivo para las fuerzas militares estadounidenses, ningún país está exento.  Hasta el mínimo vestigio de la presencia de organizaciones terroristas en determinada nación es razón suficiente para que los Estados Unidos intervengan.[4]. Es así como podemos observar que esta guerra planteó nuevos desafíos a las fuerzas convencionales, al ser de carácter asimétrico con un enemigo difuso. [5]  En este caso podemos indicar que es de carácter asimétrico por las diferencias que existen entre los grupos combatientes, tanto en lo militar, económico e ideológico, como la contraparte que es un enemigo difuso, porque no esta claramente delimitado quien o quienes son el enemigo a vencer, mas si la nueva política establece ataques no solo a los grupos terroristas como tal sino también a los territorios que los albergan.

Bajo la sospecha de que los atentados terroristas habían sido planeados por Osama Bin Laden en cabeza de la organización terrorista Al Qaeda, El presidente George W. Bush ordenó el despliegue de tropas en territorio afgano, como primera prueba de que atacaría en cualquier territorio en búsqueda de la seguridad del país y encontró un manto de legitimidad bajo el Consejo de Seguridad para ejercer la fuerza en Afganistán. Lo hizo bajo el Articulo 51 de la Carta: derecho a la legítima defensa.[6]  Se creo entonces una política de seguridad preventiva.

Así mismo, y Partiendo de tal premisa, George W. Bush declaró a 3 países como “el eje del mal”: Irak, Irán y Corea del Norte acusándolos de fabricar armas de destrucción masiva, nucleares, químicas y biológicas.  No obstante, con estos 3 países podemos observar un claro ejemplo de la variación de la política exterior estadounidense según la amenaza militar que representa cada uno, la cual analizaremos más adelante.

El primer efecto directo generado con los ataques del 11S fue el despliegue militar ordenado por George Bush en territorio afgano como una medida considerada de defensa ante el ataque recibido, ya que fue considerado el territorio que albergaba a los terroristas que planearon los ataque, por lo que podemos afirmar entonces que el cambio más representativo está enmarcado dentro de acciones militares directas en territorio extranjero. Los objetivos militares iniciales de la Operación "Libertad Duradera" incluían la destrucción de campos de entrenamiento terroristas y su infraestructura dentro de Afganistán, la captura de líderes de Al-Qaeda y el cese de actividades terroristas en Afganistán.[7]

Originalmente la idea de invadir Afganistán fue en general bien recibida por la opinión pública estadounidense con su sentimiento nacionalista exacerbado por los ataques terroristas; no obstante, con el pasar del tiempo la invasión fue extendiéndose así como sus costos económicos para los contribuyentes y ya empezaba a generar descontento por lo largo del conflicto y los pocos resultados concretos obtenidos en pro de la seguridad.

Unos meses después de la invasión en Afganistán, se dio la orden de invadir Irak al mando de Saddam Hussein, régimen al que Estados Unidos acusa de poseer armas de destrucción masiva, cuyo blanco principal es su territorio. Sin embargo, éstas no llegaron a ser localizadas en ningún momento[8] lo cual deriva en un descontento no solo en los Estados Unidos sino en sus aliados.

No obstante, con Irán y Corea del Norte – los países que cierran el “eje del mal” – Estados Unidos ha tenido mas “tacto” a la hora de desarrollar sus labores contra el terrorismo, ya que saben del alcance militar que pueden llegar a tener sobre una incursión militar en estos territorios, o cualquier otro tipo de acción que sea considerada como una provocación por parte de Teherán o de Pyongyang.  En el caso del primero ha optado por una estrategia más diplomática, buscando acuerdos políticos que permitan reducir el arsenal nuclear iraní y así reducir sustancialmente el peligro que actualmente representa; y en el segundo caso ha optado por una respuesta mas aislacionista, si bien no ha sido tan directa como lo ha hecho con otros países; no obstante, los poderosos aliados con los que cuenta Pyongyang – como Rusia – no ha dado los frutos esperados, por el contrario, ha tensado aún más la situación con Corea del Sur, hasta el punto de poner a los ejércitos de las Coreas en posiciones de guerra.

De acuerdo a lo anterior, podemos observar que la política exterior estadounidense ha mutado en sus motivaciones, considerando casi cualquier provocación en una amenaza real que buscará reducir a su máxima expresión, aunque no siempre sobre las vías militares, y menos aun frente a lo que la opinión publica estadounidense ha considerado dos fracasos de las políticas antiterroristas en Irak y Afganistán, que mas que los resultados esperados ha ocasionado la perdida de miles de soldados estadounidenses, por lo que Washington a buscado alternativas para atacar de forma directa o indirecta (no militar) a quienes considera como potenciales amenazas a la seguridad nacional. 

Como prueba de lo anterior podemos traer a colación la negativa de Estados Unidos a implementar estrategias militares en tierra sobre Siria y otros territorios en busca de la reducción del estado Islámico, por lo general hemos observado que el apoyo de Estados Unidos va principalmente por aire y entrenando a los rebeldes que luchan contra el EI.

Por ahora parece una estrategia más inteligente evitar el conflicto militar porque le evita pérdidas humanas, e incluso le resulta menos costoso que mantener largas temporadas a sus tropas en territorio extranjero, no obstante entrenar milicias es un arma de doble filo.  Y Estados Unidos lo sabe.


[1] MONTERO MONCADA, L.A.  Política Exterior de seguridad estadounidense en la post guerra fría y el mundo post 11 de septiembre.  Revista de relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad.  UMNG.  Pagina Web http://www.umng.edu.co/documents/63968/76572/AMontero.pdf
[2] MONTERO MONCADA, L.A.  Política Exterior de seguridad estadounidense en la post guerra fría y el mundo post 11 de septiembre.  Revista de relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad.  UMNG.  Pagina Web http://www.umng.edu.co/documents/63968/76572/AMontero.pdf
[3] Tomado de la página Web http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/316462/11-de-septiembre-2001-102-minutos-que-cambiaron-al-mundo-origen-estados-unidos/
[4] Tomado de la pagina Web http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lri/franchini_h_r/capitulo3.pdf
[5] Tomado del material de estudio de Estudios Norteamericanos Unidad 4.  UMNG.
[6] Tomado de la página Web http://fci.uib.es/Servicios/libros/articulos/renee/Invasion-a-Afganistan.cid222586
[7] Tomado de la página Web http://fci.uib.es/Servicios/libros/articulos/renee/Invasion-a-Afganistan.cid222586
[8] Tomado de la página Web http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/08/actualidad/1407515121_695824.html

lunes, 22 de febrero de 2016

¿Porque muchos militares no son Uribistas?


Muchas personas del común, especialmente de la población civil, se atreverán a afirmar con severidad y con férreo radicalismo que todos los Militares de la patria son uribistas por naturaleza, es más, no se lo preguntan sino que se lo creen.

Pero si usted que me está leyendo decide salir de la duda se encontrara con lo siguiente: al preguntarle a un militar si es uribista o no, obviamente el no vacilara en contestarte que los militares no participan en política; pero, si le preguntas a un grupo de militares que actualmente no hacen parte de las filas activas del Ejercito por algún caso en particular (No se acostumbra a usar la palabra ex militar, porque un militar nunca dejara de serlo, así como nunca has visto a un ex médico o un ex arquitecto), se presentara una disyuntiva en cuanto a sus respuestas. Podrás percibir perfectamente respuestas que te confundirán, a tal punto de no entender de donde vienen estas posiciones tan contradictorias y tan opuestas a las que creías en un principio.

Pues bien, yo hago parte de ese grupo de militares que a diferencia de muchos no me considero Uribista.

En muchas de mis publicaciones me han tildado de guerrerista, de fascista, de paramilitar y de una cantidad de improperios que ya son muy subidos de tonos y que no valen la pena mencionarlos; pero, a la luz de la verdad, les confieso que no me han causado ningún daño y mucho menos afectaciones psicológicas que me lleven a contradecir mi formación, mis posturas y mis convicciones. Y como se lo he dicho a muchos de mis amigos más cercanos: “esas no son penas para un guerrero patriótico”.

Yo admiro mucho al señor Álvaro Uribe Vélez, he tenido la oportunidad de leer algunos de sus libros y me parecen muy asertivos, además, coincidimos en muchos posicionamientos e ideas, incluso, armonizo con el hombre en que somos muy disciplinados y estrictos, bueno, también en que así como él, igualmente he recibido los mismos patronímicos insultantes; por eso creo que muchos se estarán sorprendiendo al leer este artículo, porque me han visto en su misma línea, pero ojo, no se confundan, una cosa es coincidir y la otra es ser su seguidor.

Como ya lo venía diciendo, desde mi punto de vista me parece que es un gran titán político, un hombre de gran valor, y sin conocerlo personalmente el país percibió a una persona trabajadora y berraca (como buen Antioqueño). Hombre inteligente y de actitudes serias, pero, que lastimosamente no supo ni ha sabido como asesorarse bien y contar con buenos equipos de trabajo que lo hayan llevado a prevenir varios desaciertos políticos y poder evitar tomar malas decisiones.

Como militar no activo de las Fuerzas Militares, puedo inferir que uno de esos desaciertos a los que me referí con anterioridad es el abandono y la espalda que les dio a los militares privados de su libertad. Acabó con la justicia penal militar en lugar de fortalecerla, envió a sus mejores soldados a la guerra con lanzas pero sin escudos y nuestros escudos debieron ser la protección jurídica.

Y con esto no me refiero a ser impune ¡ señores !, me refiero es a tener las mínimas garantías de que el accionar militar en el área de operaciones fuera custodiado y vigilado con una justicia que protegiera tanto al militar como al enemigo abatido, que salvaguardara a nuestros militares en el desarrollo del debido proceso, que asegurara la protección de la cadena de custodia de las diferentes pruebas y que pudiera evitar la compra de testigos falsos;  como presidente omitió ante el poder judicial exigir respeto en derecho, para una defensa digna ante un tribunal imparcial y justo y no como se ve aun, que muchos militares enfrentan estrados judiciales de una justicia infiltrada y permeada por la izquierda; no demandó respeto por la protección de los derechos humanos de sus hombres (porque los derechos humanos también aplican para la humanidad de ellos). Absolutamente nadie hablo por ellos y prácticamente nada de esto se evitó durante el gobierno de Uribe. ¿Cuál fue el resultado? Una cacería de brujas por parte de la fiscalía y el ente judicial, llenando las cárceles ordinarias de militares, vulnerándose muchos de sus derechos y llegando a una suma de 1500 militares privados de su libertad; con esto se cercenó la moral combativa de las tropas, muchos fusiles se silenciaron y entro el miedo a nuestras filas para no ser judicializados infamemente.

Justicia tan infiltrada zurdamente, que los militares percibimos las protestas de la rama judicial junto con los diferentes paros que se promovieron durante este periodo presidencial por el inconformismo de salarios y demás, como la excusa para dictar condenas a los militares. Llegamos a considerar, que por cada militar condenado, representaba una respuesta agresiva ante el ejecutivo por la negativa de las diferentes pretensiones ante al gobierno. Entendimos que el fin era deslegitimar la política de seguridad democrática como fuera, sino se accedían a las exigencias que hacían las asociaciones sindicales en sus protestas.

¿Hubo errores operacionales y excesos militares? Eso le compete a la justicia determinarlo, pero no puede ser concebido echar en un mismo saco todo lo que huele a camuflado sin antes pasar por un análisis y unas pesquisas detalladas de cada proceso judicial.

Se llegó al descaro de que un juez se dedicara exclusivamente a llevar procesos penales de militares, cargando hasta más de 15 procesos y obviamente todos con fallos condenatorios. A este juez se le sumaban el mismo fiscal y el mismo abogado de las víctimas que pertenecía a una ONG de derechos humanos con tendencia izquierdista, todos estos abogados adelantando los mismos 15 o más procesos. Cuando veían que un servidor del ministerio público no apoyaba la teoría del caso de esta terna, procedían a cambiarlo y si no podían, omitían todos sus alegatos de conclusión. Existen casos de compra de testigos falsos, de militares con condenas a cuestas y que nunca fueron a juicio, es decir, condenados como reos ausentes, se presentaron violaciones al debido proceso y a la exclusión de testimonios y pruebas cruciales donde se comprobaban la inocencia de muchos de estos militares.

Uribe y su equipo de trabajo no se dieron cuenta de esta guerra jurídica, no la previnieron y no la anticiparon. Lastimosamente esa guerra judicial hoy por hoy va detrás de él y va a patrocinar el indulto de los máximos cabecillas de las Farc, porque aún está en ejecución ese plan estratégico judicial por parte de los terroristas Habaneros. Está guerra jurídica fue diseñada por los tentáculos políticos de las Farc para ser consumada hasta más allá de la toma del poder, junto con la constituyente que busca la refundación de la patria. Esto para mí fue y ha sido un gran desacierto y no es solo eso, sino, que fue un gran error garrafal por lo que el país se verá en la obligación de presenciarlo y enmendarlo en el “posconflicto”.

Como buen militar, dentro de mi formación castrense, cuando fui cadete me enseñaron algo llamado “lealtad” y esto para nosotros es una consigna estipulada bajo el lema del Ejercito Nacional (Patria, Honor, Lealtad), Uribe la aplicó para con nosotros y eso es difícil de perdonar; por algo será que nuestro código penal colombiano tipifica la deslealtad como traición a la patria y nosotros nos sentimos traicionados. Además, cuando el confía ciegamente en Santos le da el aval y el respaldo para que fuera presidente y el hacerlo significo que traicionara las banderas de la política de seguridad democrática, con el agravante de que éste tampoco atacó la guerra jurídica sino que la termino patrocinando. Hoy día el señor Uribe Vélez está sintiendo el dolor de una traición y lo que ese error esta representando, creo que debe de estar frustrado al no haber podido prevenir este caos, porque lo de hoy es el resultado de su periodo presidencial.

Se podrá criticar el proceso de paz como tal, incluso yo soy uno de sus férreos críticos, pero con tristeza me atrevo a decir que las Farc nos ganaron la guerra y no con las armas sino con política y con la complacencia de Santos. La ganaron implementando la guerra jurídica y la guerra asimétrica, conceptos desconocidos por la política de seguridad democrática que no fueron tenidos en cuenta para prevenirlos y contrarrestarlos.

Tristemente las Farc son los únicos que han hablado de los militares privados de la libertad, pero no con el fin de representarlos sino de botar un salvavidas al mar para que los militares se prendan de estos y no se sigan ahogando con sus condenas de 20, 30, 40, 50 y demás años y así poder subirlos al barco de la paz. Ellos nos tiraron al mar y ahora nos salvan, que ironía. Este párrafo que estoy escribiendo quiero que lo lean con tono de desprecio, porque no me satisface escribir una realidad que incomoda a muchos, en especial a mí. Ese salvavidas se llama justicia transicional, diseñada para indultar terroristas, terminar de condenar los militares que les quedaron faltando y darles la libertad a los oficiales, suboficiales y soldados que ya llevan más de 8 años privados de su libertad; terminó siendo la única voz de estos militares que fueron arrodillados jurídicamente y prácticamente podríamos decir que es su única salida. Ya lo que Uribe y su equipo de trabajo pretendan hacer ahora es demasiado tarde; le diría al señor senador evocando las palabras de nuestro señor Jesucristo en la cruz que “Todo está Consumado”.
¿Cuáles serán los resultados de esta ofensiva jurídica? tendremos terroristas absueltos de todos sus crímenes haciendo política con armas, usaran las estadísticas que le dejarán la guerra jurídica, la guerra asimétrica y la justicia transicional para así poder equiparar ocho años de política de seguridad democrática- que para mí a pesar de todo fue efectiva esta política, ver publicaciones anteriores sobre los 15 años del plan Colombia- a 60 años de masacres, secuestros, extorsiones, narcotráfico, terrorismo y súmele muchos etcéteras porque seis décadas de barbaries no las puedo resumir en tan solo dos renglones. Nos doblegaron y el país sentirá el resultado de ese craso error.

Estas son mis razones por las que no me considero uribista, ahora veremos con que otros apelativos me tildaran los que santifican al señor Álvaro Uribe y que terminan rayando con el fanatismo. Creo que a las personas hay que decirle las cosas como son y hacerle notar sus errores así como hoy lo estoy haciendo. Aclaro, si no me considero uribista mucho menos santista, petrista ni todo lo que termine en terrorista ¡válgame Dios!
Señor senador, si usted puede leer esta publicación quiero que pueda comprender que no todos los militares lo santificamos, usted puede representar muchas de nuestras posturas y podemos coincidir en otras, incluso, podemos seguir la misma línea, pero eso no significa que algunos lo sigamos con fanatismo ortodoxo. La construcción de la patria no debe pesar en los hombros de un solo hombre sino en la construcción democrática de quienes nos duele la República y queremos hacer de ella que sea siempre grande, respetada y libre. Entiendo que usted es humano y tiene errores, pero el objetivo es reivindicarlos y se puede hacer mucho para subsanar las heridas de los que en algún momento nos sentimos traicionados. Ademas, como buen patriota le quiero decir que podríamos trabajar hombro a hombro por esta patria que tanto amamos y no dejarla a la merced de los terroristas. 
Quiero terminar diciéndole que para edificar país, debemos de reconocernos con nuestros errores y creo que a las personas que uno admira se les debe respetar haciéndole caer en cuenta de sus faltas, siendo claros y no refiriéndose con hipocresías y con falsas diplomacias. Y ojo, porque así lo hacen muchos que usted tiene a su alrededor, tiene muchos aduladores, fanáticoshipócritas y falsos.

sábado, 13 de febrero de 2016

Los 15 años del plan Colombia

“Para las Farc y su séquito de políticos comunistas el plan Colombia es y seguirá siendo un plan maquiavélico porque jugo en contra de todos sus intereses estratégicos sobre la toma del poder; con el plan Colombia las Farc fueron doblegadas y el narcotráfico perdió fuerza” 



Pasaban los años 1996,1997 y 1998 cuando yo aún era un colegial, para ese entonces, se podía observar a diario imágenes apocalípticas que los noticieros replicaban constantemente, donde exponían la crueldad y la infamia de terroristas de las Farc destruyendo y arrasando pueblos en su totalidad; veíamos como ponían caballos con bombas haciendo explosión en parques, plazas y tiendas asesinando personas inocentes; realizaban pescas milagrosas; tomas guerrilleras donde masacraban vilmente a soldados después de su rendición, tal fue el caso del capitán mazo en la toma de la base militar de las delicias, así mismo, observaba como sistemáticamente aplicaban la estrategia del ataque en masa y fuego nutrido (Termino que estudie y aprendí en la Escuela Militar de Cadetes) que aplicaron considerablemente en patascoy y Mitú.

Adicional a este panorama no muy alentador, se le sumaba una crisis política sin precedentes en nuestro país, el presidente de turno “Ernesto Samper” afrontaba el proceso 8000 siendo acusado de recibir financiación del narcotráfico para su campaña presidencial. Los estados Unidos automáticamente le quitaron la visa Americana y obviamente el respaldo y apoyo que el país del norte podía ofrecer.

Ante esta gran vergüenza para el país, en los dos aspectos tanto de seguridad como los nexos de la política colombiana con el narcotráfico nos encontrábamos ante una Colombia perdida y sin temor a equivocaciones teníamos ante nuestros ojos un Estado fallido.

Con la salida de Samper y la llegada de Andrés Pastrana vuelve la esperanza para la Colombia fracasada, trayendo consigo la tabla de salvación que fue llamada: “Plan para la Paz y el Fortalecimiento del Estado o Plan Colombia para la paz”, esto fue como tal, un acuerdo bilateral constituido entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos.

A continuación, profundizare sobre un punto primordial que es la seguridad del país y de como esta se fortaleció, así mismo, de cómo el plan Colombia sirvió de estrategia contra el terrorismo y el narcotráfico.

Plan Colombia

Ante este nuevo impulso histórico, me permitiré dividir en tres etapas significativas este plan por las cuales se desarrolló desde hace quince años.

La primera etapa la he denominado como: “concepción”; donde pudimos evidenciar como el nuevo presidente de los colombianos se permitía realizar un convenio con el país del norte y su homólogo Bill Clinton abriéndole paso al plan Colombia.

Durante la negociación, se destaca el papel realizado por Luis Alberto Moreno embajador en Washington y de Luis Fernando Ramírez como ministro de defensa; a su vez, se presenta durante este gobierno los fallidos diálogos en el caguan junto con el fortalecimiento militar y económico de las Farc.

La segunda etapa la he llamado: “implementación y avance”; asumido durante ocho años por Álvaro Uribe Vélez, donde se fortaleció su gran estandarte político y prácticamente su agenda como tal, esta fue la llamada “política de seguridad democrática”.

Este periodo de gobierno fue crucial para la recuperación de aquel estado fallido que hasta los últimos diálogos con los terroristas dejaba denotar inseguridad, desconfianza, debilidad y flaqueza.

Y la tercera etapa y menos favorecida denominada: “retroceso y fracaso”, donde se pierde todo lo logrado hasta ese momento.

La era Uribe

Esta etapa del plan Colombia fue asumido por la política de seguridad democrática, se orientó básicamente a la recuperación del país que estaba sumido en la vergüenza, y es por eso que se puede denotar un giro histórico de 180° cuando empieza la tarea de: “Relegitimizar y fortalecer las instituciones, de proceder a la recuperación del territorio Nacional y la implementación de una lucha frontal y permanente contra el terrorismo y el narcotráfico”.

Los recursos del plan Colombia fueron abundantes en cuestión de seguridad, permitiendo al país contar con unas Fuerzas Militares y de policía fortalecidas para el servicio de los colombianos, posicionándolas entre las primeras del continente con mayor cantidad de hombres, mejor equipamiento y mejor entrenamiento.

De esta manera los colombianos vimos como pasaban a la historia las víles y cruentas tomas guerrilleras a pueblos y bases militares, los secuestros masivos en las carreteras y en las ciudades, estas fueron reducidas en un 95%, la voladura de puentes se redujo casi en su totalidad, se diezmaron los atentados terroristas y se le persiguió a las Farc como lo que son: “bandidos narcoterroristas”. Se desmovilizaron a los paramilitares, se atacó la siembra de coca y se le declaro la guerra al narcotráfico como en los viejos tiempos de Pablo Escobar.

Se le dieron contundentes golpes a las Farc, las Bacrim y al Eln a tal punto de hacerlos huir a países como Ecuador y Venezuela, donde se han refugiado con el visto bueno de sus gobernantes de turno.

En entrevista al señor senador Alfredo Rangel en el programa la hora de la verdad, al preguntársele sobre los resultados de la política de seguridad democrática con el plan Colombia dijo: “El homicidio según datos estadísticos se redujo a la mitad, los retenes de las guerrillas narcoterroristas disminuyeron un 90%, lo mismo que las acciones terroristas descendieron un 80 %, los ataques a oleoductos disminuyeron un 70% “. Al preguntarle por la lucha contra el narcotráfico afirmo: “Las siembras ilegales y la producción de coca se redujeron en un 50%, así mismo las aspersiones y las erradicaciones masivas manuales de hoja de coca tuvieron sus efectos positivos, en la lucha contra las bandas criminales se extraditaron más de 1000 narcotraficantes a Estados Unidos incluyendo miembros de Farc y paramilitares”.

El doctor Fernando Londoño no fue indiferente ante estas declaraciones del senador, el por su parte afirmó:“Cuando Álvaro Uribe toma posesión presidencial en el 2002, habían más de 300 alcaldes que estaban fuera de sus municipios ejerciendo porque Farc los tenía amenazados de muerte y en su lugar ellos estaban gobernando, es decir más de la mitad del territorio nacional estaba al infortunio de estos bandidos, con el plan Colombia y la política de seguridad democrática se recupera la soberanía nacional, se fortalece la fuerza aérea y la aviación del ejército, se crean los batallones contra el narcotráfico que junto con la dirección nacional de estupefacientes se propinaron grandes golpes a este negocio ilícito”.

Desde mi mi humilde opinión, debo resaltar el trabajo de la fuerza pública con la población civil, se perdió el miedo a denunciar y resultaron efectivas las redes de informantes implementadas a lo largo y ancho del país. Se incorporó y se comprometió a las poblaciones y comunidades con su propia seguridad, sus únicas armas fueron el valor y un celular o una línea telefónica para informar; se crearon redes de cooperantes que sirvieron para adelantar fuertes trabajos de inteligencia y así acertar fuertes golpes a narcotraficantes, terroristas y bandidos. No hubo cabida para ellos en el país y como lo dije con anterioridad, les toco huir, escondiéndose en países vecinos.

En esta etapa se desarrolló un fuerte trabajo para la implementación de la defensa de los derechos humanos; a pesar de que la guerra jurídica cumplió su cometido a favor de los ilegales junto con algunos excesos que las guerras y los conflictos traen consigo, se pudo marcar una notable diferencia con años anteriores, donde bajaron los índices de desplazamiento forzado, se redujo considerablemente los asesinatos a defensores de derechos humanos y periodistas, se respetó la libertad de expresión y se dio una prensa libre, se protegieron los medios de comunicación y medios periodísticos, a pesar que se presentaron críticas, oposiciones y denuncias ningún canal radial ni televisivo se vio censurado, cosa contraria como si lo hicieron en su momento el régimen venezolano y cubano; con la desmovilización de los paramilitares se redijeron las masacres y los secuestros, a las Farc les toco entregar sus secuestrados retenidos por años en condiciones infra-humanas al mejor estilo de los campos de concentración Nazi y se le propino un golpe muy contundente que fue la gloriosa operación Jaque, muy conocida por todos los colombianos y declarada como una obra de arte para la estrategia militar donde se respetaron los derechos humanos de combatientes y no combatientes. A pesar de que se presentaron violaciones de derechos humanos se insistió en la promoción y la defensa de estos, al punto de marcar una notable diferencia con la Colombia antecesora del 2002.

Etapa de fracaso y retroceso

Con la llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia viene el declive del pan Colombia junto con la política de seguridad democrática.

Con notable extrañeza el país vio como la máxima carta política que catapulto a Santos a la presidencia, fue tirada al suelo y pisoteada sin escrúpulos, siendo traidor no solo del que le dio su respaldo como lo fue el señor Uribe sino de los colombianos que dieron su voto de confianza para la continuidad de esta política de seguridad.

Retomando la entrevista al señor senador Alfredo Rangel en el programa la hora de la verdad afirmó: “con santos se desmonto cada uno de los componentes que se venían desarrollando en el periodo de gobierno anterior, entre ellos tenemos el cierre del programa soldados campesinos y el programa de redes de informantes”. Estas aseveraciones son reforzadas por el Doctor Fernando Londoño afirmando: Santos prohibió los bombardeos aéreos a las madrigueras de las Farc, prohibió las fumigaciones aéreas y terrestres, lo mismo que la erradicación manual, acabo la dirección nacional de estupefacientes y la extinción de dominio, cerró el paso a las extradiciones que era elemento fundamental en la política del país, es de recordar que se pagó con muertos en la toma del palacio de justicia para defender la extradición lo mismo que en la lucha frontal contra pablo escobar y santos inescrupulosamente sin más ni más cerro la extradición”.

Marcadas decisiones políticas que generaron la tendencia negativa de los indicadores de seguridad, cifras que antes fueron en ascenso ahora eran invertidas, empieza a aparecer de nuevo la voladura de torres de energía, el secuestro, se incrementó el terrorismo, los narco terroristas de Farc vuelven a veredas y municipios donde había sido desterrados debido a la presión y el control militar ejercido por la fuerza pública, así mismo, se incrementan los hostigamientos a bases militares y estaciones de policías, se multiplico la extorsión, también se fue en aumentó el reclutamiento de menores para grupos ilegales como Bacrim y narco Farc, acrecentaron los retenes ilegales y las deserciones que se presentaron en algún momento por parte de bandidos desertados de las filas terroristas se redujeron.

Según datos de naciones unidas, Colombia incremento la producción del narcotráfico en un 50% y el aumento de los cultivos de coca en un 40%, Las Farc vuelven a empoderarse del negocio de narcotráfico convirtiéndose en el mayor productor cocalero no solo del país sino del continente. Las Bacrim se aliaron con los terroristas desarrollándose un apoyo logístico y de inteligencia mutuo, elaborando así una alianza infernal entre estas dos organizaciones criminales.

Conclusiones

Para las Farc y su séquito de políticos comunistas el plan Colombia es y seguirá siendo un plan maquiavélico porque jugo en contra de todos sus intereses estratégicos sobre la toma del poder; con el plan Colombia las Farc fueron doblegadas y el narcotráfico perdió fuerza.

En Washington no hay nada que celebrar, todos los esfuerzos realizados en cuanto a la seguridad fueron en vano, el narcotráfico que tantos fallecidos ha dejado a lo largo de nuestra historia hoy por hoy descaradamente y sin la más mínima vergüenza a nuestros caídos en acción y personal civil se ha convertido en un delito conexo, es decir que es un delito prácticamente político y amnistiable.

Colombia posee una memoria cortoplacista donde no tenemos puntos de comparación y divergencia sobre lo que es y ha sido nuestra sangrienta historia. Olvidamos con facilidad el horror y el temor infringido de quienes nos han amedrantado con sus ilegales fusiles y terminamos siendo cómplices de ellos siendo ahora sus víctimas complacientes. Vemos con beneplácito orgullo que la solución a nuestros problemas es claudicándose política y militarmente a los enemigos reales de la patria y que nuestras contrariedades serán resueltas con una firma mágica en un papel pusilánime.

Seguimos creyendo que la paz es un trabajo del gobierno y no de nosotros, nos olvidamos que tenemos los gobernantes que nos merecemos porque vendemos nuestra conciencia a los engaños populistas. Sufrimos de alzhéimer cuando no recordamos que no podíamos viajar por las carreteras del país, cuando olvidamos con facilidad que cuando el terrorismo nos doblegó hubo alguien quien se sacrificó por cambiarlo todo.

No hay nada que celebrar cuando los narcotraficantes más antiguos y avezados del continente se labran un camino político impune, cuando justifican su lucha ilegal a un discurso romántico revolucionario con base en falacias populistas, cuando justifican sus atrocidades en una falsa lucha socialista demagógica, cuando usan engañosamente a campesinos para hablar de un agro que ellos mismos han corrompido por décadas, cuando hablan de medio ambiente siendo ellos los promotores de minas ilegales que atentan contra la naturaleza misma.

En fin, de mi parte no celebro nada, porque yo si recuerdo nuestras víctimas y nuestros caídos, pero más importante aún, no soy ni seré cómplice jamás de una farsa llamada paz.